Cuando nace un niño, la alimentación es uno de los puntos más importantes para los padres, siendo ellos mismos los que deciden alimentar al bebé a través de la lactancia materna y/o biberón. En ambos casos el niño succiona por acto reflejo, es decir, no necesita de un control voluntario. Poco a poco y a medida que el niño madura, esta actividad pasa a ser voluntaria y cuando se le acerque algún alimento a la boca no lo va a chupar de forma automática, sino que empezará a realizar movimientos diferentes para poder tragar.

Los niños tienen que ir acostumbrándose a los nuevos movimientos que harán con los labios y la lengua para poder comer. Esto pasa por ejemplo, cuando comienzan a comer con la cuchara o cuando tienen que beber en un vaso de agua, pues el niño tendrá que colocar la lengua y los labios de forma diferente a la que colocaban en la succión. Este aprendizaje y adaptación madurativa es necesaria para el niño y para los padres, que deben conocer la mejor forma de introducir estos cambios de alimentación, facilitando su adaptación con el objetivo de que el niño sea lo más activo posible en este proceso y buscando su mayor autonomía.

El niño, en el acto de la masticación, emplea la mandíbula, los labios y la lengua y es a partir de los movimientos gruesos que se realizan en este acto cuando se desarrollan los movimientos finos necesarios para el habla.

El trabajo diario de las estructuras implicadas en la alimentación y al mismo tiempo en el habla, hará que el niño consiga una mayor destreza y variabilidad de movimientos, favoreciendo la aparición de los movimientos más complejos necesarios para realizar todos los fonemas, sonidos del habla, necesarios para hablar.

La mayoría de los niños realizan estos cambios y se adaptan a las nuevas situaciones sin ningún problema, pero otros niños pueden presentar ligeras dificultades. Esto puede ocurrir por diversos factores, pero uno de los más comunes es acostumbrar al niño a comer alimentos triturados cuando su cavidad oral está preparada para morder y masticar.

Como logopeda en Murcia insisto en la importancia de una alimentación apropiada y correcta para el desarrollo físico, emocional, social y dentario del niño así como para el desarrollo del lenguaje, puesto que los órganos del habla y los pertenecientes a la alimentación son, en gran parte, los mismos.

Existe una especialidad dentro de la Logopedia donominada Terapia Orofacial y Miofuncional, esta actúa sobre las diferentes estructuras orales y tiene como objetivos, entre otros, adquirir correctos patrones de deglución y articulación, eliminar aquellos hábitos incorrectos y conseguir la mayor autonomía posible del niño.

Concluyo queriendo haceros ver que los cambios en la alimentación no se producen de forma automática ni los niños empiezan a hablar de la noche a la mañana. El habla conlleva un proceso, del que muchas veces no somos conscientes, que requiere un aprendizaje, un “entrenamiento” anterior, que va a dar lugar a su correcto desarrollo.

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